«Medio siglo de querer y servir a Dios, queriendo y sirviendo a los demás y, en particular, a los más olvidados, a los más indefensos, a los más vulnerables».

Uno de los primeros destinos del padre Ángel al ser ordenado sacerdote fue ocuparse de la capellanía del antiguo orfanato de Oviedo, el Hospicio Provincial. Allí se avivó la llama que ya había prendido en él cuando sólo tenía 12 años y quería ser como el cura de su pueblo, La Rebollada, que se ocupaba de las víctimas de la Guerra Civil. Y como era su deseo ingresó en el Seminario Diocesano Metropolitano de Oviedo. El 19 de marzo de 1961 fue ordenado sacerdote. Desde entonces no paró ni un solo momento y logró hacer realidad su sueño, y la Asociación Mensajeros de la Paz fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1994.
El resultado es una obra social que está presente en cuarenta y siete países de todo el mundo atendiendo a niños, niñas y jóvenes, discapacitados, mujeres, drogodependientes, personas mayores, comunidades enteras que trabajan por su desarrollo y naciones que han sufrido desastres naturales o humanos.

«Pienso que a pesar de los miles o de los cientos de miles de personas a los que hemos dado un poco de cariño, de pan, de justicia, o a los que hemos ayudado a encender una luz para vislumbrar un futuro mejor, a pesar de tanto trabajo y tantas preocupaciones, estos cincuenta años hubieran merecido la pena sólo por una sonrisa: la de una madre que ve que su hijo puede salir adelante, la de un niño abandonado que aprende a dar un beso o la de un anciano que vive seguro, cuidado y querido sus últimos días»